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Cuenta la leyenda que el gigante Camaxagua se enamoró perdidamente de Iraima, y olvidó la misión que le habían encomendado los Dioses. Como castigo, estos se llevaron a Iraima para esconderla entre las montañas de la Sierra de la Macarena. Allí la amarraron y cubrieron de tierra.
"Inconsolable, ella empezó a llorar y llorar y llorar, formando con su llanto un río, que con el tiempo horadó la montaña, formando la más bella cascada del mundo: El Salto de Santo Domingo, pero que se debería llamar el Salto de Iraima, porque fue hecho con sus lágrimas” (Joel Montoya, s.f).
En la Sierra de la Macarena se encuentra esta majestuosa cascada. Más de 100 metros de altitud se imponen frente a quienes tienen el coraje de llegar a ella. No muchos emprenden este viaje, pues las montañas de la leyenda cargan con una historia que en ocasiones parece opacar a los mitos indígenas.
Históricamente golpeada por la violencia, la Serranía de la Macarena lucha por desvincularse de la estigmatización alrededor del conflicto. El reclutamiento, las minas, o los grupos armados hoy son miedos que pertenecen al pasado, pues en estas montañas hoy habita la belleza de la naturaleza.
Los pasos que sonaban por los senderos para llegar a Iraima, que antes se dictaban por el ritmo de un fusil, hoy son dictados por el deseo de aventura.
Llegar al refugio de Iraima es transformarse por dentro y por fuera, llegar al límite de tus capacidades físicas y mentales y permitirte el sobrecogimiento que causa el cálido abrigo de sus aguas termales.
