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En la Ruta Sierra de la Macarena

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Salto de Iraima

Redacción. Jessica Galvez
Fotografías. Diego Gutiérrez

Cuenta la leyenda que el gigante Camaxagua se enamoró perdidamente de Iraima, y olvidó la misión que le habían encomendado los Dioses. Como castigo, estos se  llevaron a Iraima para esconderla entre las montañas de la Sierra de la Macarena. Allí la amarraron y cubrieron de tierra.

"Inconsolable, ella empezó a llorar y llorar y llorar, formando con su llanto un río, que con el tiempo horadó la montaña, formando la más bella cascada del mundo: El Salto de Santo Domingo, pero que se debería llamar el Salto de Iraima, porque fue hecho con sus lágrimas”

(Joel Montoya, s.f).
 

En la Sierra de la Macarena se encuentra esta majestuosa cascada. Más de 100 metros de altitud se imponen frente a quienes tienen el coraje de llegar a ella. No muchos emprenden este viaje, pues las montañas de la leyenda cargan con una historia que en ocasiones parece opacar a los mitos indígenas. 

Históricamente golpeada por la violencia, la Serranía de la Macarena lucha por desvincularse de la estigmatización alrededor del conflicto. El reclutamiento, las minas, o los grupos armados hoy son miedos que pertenecen al pasado, pues en estas montañas hoy habita la belleza de la naturaleza.


Los pasos que sonaban por los senderos para llegar a Iraima, que antes se dictaban por el ritmo de un fusil, hoy son dictados por el deseo de aventura.

 

Llegar al refugio de Iraima es transformarse por dentro y por fuera, llegar al límite de tus capacidades físicas y mentales y permitirte el sobrecogimiento que causa el cálido abrigo de sus aguas termales.

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Cañón del Güejar

Se dice que este es el río del Jaguar.

Se sabe que nació antes que los Andes, pues sus aguas turquesa fluyen entre algunas de las rocas más antiguas de Sudamérica.

 

Fluye bajo la protección de Camaxagua, el Indio Acostado. Un gigante vuelto montaña que vigila el paso de sus aguas y observa a quienes se adentran en el cañón. Durante siglos, la fuerza de estas aguas fue cortando la roca y moldeando sus altas paredes, que hoy reciben y abrigan a miles de turistas anualmente.

Las aguas siempre han estado allí, pero durante muchos años permanecieron ocultas. Mientras el conflicto vedaba estas montañas, el Güejar siguió su camino, esculpiendo la piedra, indiferente a la guerra que ocurría alrededor.

Hoy, quienes recorren el cañón descubren un territorio que se niega a ser definido por su pasado. Cada rápido, cada pared de roca y cada remanso esmeralda habla de una historia más antigua y más poderosa que la violencia.

 

El Güejar es la prueba de que la naturaleza permanece, esperando el momento de encontrarse con quienes se atreven a conocerla. 


Quien entra al Cañón del Güejar no llega únicamente a un destino turístico: llega a uno de los lugares más antiguos del continente, un paisaje tallado durante millones de años por la paciencia del agua.

Aquí el asombro no aparece de golpe; se construye con cada curva del río, cada canto de las aves, cada vista sobrecogedora, y cada rugido de los rápidos. Esta experiencia transforma a todo quien se atreve a seguir el curso del río del Jaguar.

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Detrás de cada miedo hay una oportunidad esperando ser descubierta.

Vence Tus Miedos te invita a cruzar esa puerta.

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